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Entrevista a voluntaria

Entrevista a voluntaria

Una de las voluntarias de la Asociación, Teresa García Revilla, fue entrevistada recientemente para el número 14 de la revista Zaragoza Joven. Os incluimos aquí la entrevista.


Teresa García Revilla: «Todo lo que merece la pena requiere tiempo y constancia.»

En una sociedad que suele medir el valor de las cosas por su utilidad inmediata, hay experiencias que quedan fuera de ese marco. No generan resultados rápidos ni se pueden cuantificar fácilmente, pero tienen un impacto real y sostenido en la vida de las personas. Teresa García Revilla participa como voluntaria en Universitarios con la Infancia en el colegio Cándido Domingo, donde enseña a madres extranjeras el castellano. Su labor no se traduce en cifras, pero está en esas mañanas (mientras sus hijos acuden al colegio) en las que el intento por comunicarse en una lengua que no es la suya deja de ser un obstáculo para ellas y se convierte en un espacio compartido donde aprender ya no es algo solitario.

Entrevista por MARÍA MARTÍN HERNÁNDEZ

Para empezar, ¿puedes presentarte brevemente? ¿Quién eres y qué te llevó a formar parte de este voluntariado?

Mi nombre es Teresa, soy estudiante de último curso de Veterinaria, tengo 23 años, y empecé este voluntariado porque sentía que necesitaba hacer algo más allá de mi rutina y pensé que una buena forma de invertir mi tiempo sería precisamente ayudando a otros. Me llamó mucho la atención la idea de dar clases de español a mujeres que lo necesitan para su día a día, porque es un voluntariado distinto a cualquiera que he visto, y al final el idioma es lo que te permite vivir con autonomía.

¿Qué fue lo que te hizo pensar «quiero formar parte de algo así»?

La verdad es que llevaba mucho tiempo pensando que quería hacer un voluntariado para poder ayudar a los demás, aunque sea un poco, ya que todos hemos necesitado apoyo alguna vez, yo la primera. Pero al pensar que no tenía suficiente tiempo para dedicarle lo dejé estar. Entonces cuando me enteré de esta oportunidad, no dudé en decir que sí, y echando la vista atrás me alegro infinitamente de haber tomado esa decisión.

¿Te imaginabas entonces el papel que ibas a tener en la vida de estas mujeres?

No, para nada. Al principio pensaba que simplemente iba a enseñar español, algo más técnico. Pero con el tiempo te das cuenta de que tu papel va mucho más allá: eres un apoyo, un espacio seguro, alguien con quien pueden practicar sin miedo a equivocarse.

Si ahora miras atrás, ¿qué ha cambiado desde ese primer día hasta hoy?

Ha cambiado mucho, sobre todo mi forma de entender lo que significa ayudar. Al principio iba más centrada en hacerlo «bien», en explicar, en seguir una estructura… y ahora entiendo que lo más importante es la relación que se crea. También he cambiado yo, tengo más paciencia, valoro cosas que antes daba por hechas y soy más consciente de las realidades de otras personas.

Desde fuera, hay quien piensa que este tipo de voluntariado no sirve mucho porque no se ven resultados rápidos. ¿Qué opinas tú de eso?

Creo que es normal que desde fuera se piense eso, porque vivimos en una sociedad muy centrada en la inmediatez. Pero en realidad, todo lo que merece la pena requiere tiempo y constancia. Aprender un idioma no ocurre de un día para otro, igual que no lo hace cualquier otro proceso importante. En este voluntariado los avances son pequeños, pero muy valiosos: perder el miedo a hablar o simplemente venir con más confianza. Al final, si algo fuera tan rápido y fácil, probablemente no lo valoraríamos igual. Aquí lo importante no es la rapidez, sino el proceso y todo lo que va cambiando poco a poco.

¿Crees que el simple hecho de estar presente ya ayuda a esas mujeres?

Sí, muchísimo. A veces pensamos que hay que hacer algo muy concreto para ayudar o que deben ser gestos grandes, pero simplemente estar, escuchar o mostrar interés resulta ser al final lo más esencial. Tanto para ellas como para mí, estas clases han significado salir de la rutina, del día a día y únicamente atreverse a hacerlo es un gran paso.

¿Qué has aprendido tú de las mujeres con las que trabajas?

He aprendido muchísimo, sobre todo a relativizar y a valorar cosas que daba por hechas. Por ejemplo, he sido más consciente de que el lenguaje es una herramienta muy útil en cualquier tarea del día a día, pero que, aunque parece imprescindible, más importante es aprender a comunicarse y expresarse cuando la lengua lo impide. Me han enseñado mucho sobre esfuerzo, constancia y adaptación y por ello les estoy muy agradecida.

¿Ha cambiado en algo tu forma de ver la educación o el aprendizaje?

Sí, ahora la veo mucho más allá de los contenidos. Entiendo que aprender no es sólo adquirir conocimientos, sino sentirse capaz de hacerlo.

¿Crees que la sociedad valora suficientemente este tipo de trabajos o voluntariados?

Creo que no del todo, principalmente porque no se ven resultados inmediatos ni cuantificables. Vivimos en una sociedad muy enfocada a lo rápido y a lo medible, y este tipo de voluntariado no encaja fácilmente en eso. Pero eso no significa que no tenga valor, al contrario, simplemente es un valor más silencioso y más a largo plazo.

¿Te han hecho alguna vez sentir que «deberías estar haciendo algo más productivo»?

Alguna vez sí, pero creo que tiene más que ver con la forma en la que entendemos el valor de las cosas como sociedad que con lo que realmente aporta esta experiencia. Cuando lo vives desde dentro, te das cuenta de que tiene un impacto real en las personas, aunque no encaje con esa idea de productividad inmediata que tenemos tan arraigada.

¿Qué te da este voluntariado que no encuentras en otros espacios de tu vida?

Me da una sensación de conexión muy real con las personas y de estar aportando algo con sentido. Es un espacio muy distinto a lo académico o lo profesional, donde todo es más humano, más cercano. Además, es una experiencia que no sólo aporta a los demás, sino que también te cambia a ti, te hace crecer y ver las cosas desde otra perspectiva.

Si tuvieras que explicar por qué este tipo de voluntariado es importante en una sociedad que solo valora lo rápido y lo productivo, ¿qué crees que no está viendo la gente cuando piensa que «no sirve»?

Creo que no están viendo todo lo que ocurre a un nivel más profundo: la confianza que se va construyendo poco a poco, la seguridad que ganan, el hecho de sentirse escuchadas y acompañadas en un entorno donde no se les juzga. Desde fuera puede parecer algo sencillo o incluso poco relevante, pero dentro pasan cosas muy importantes que no se pueden medir con números. Al final, son pequeños avances, gestos que pueden parecer insignificantes desde fuera, pero que tienen un impacto muy real en la vida de las personas. Y aunque ese cambio sea lento y no siempre visible, es lo que de verdad transforma, poco a poco, la forma en la que vivimos y nos relacionamos.