Título en España: The Foster Boy
Título original: Der Verdingbub
Año: 2011
Duración: 107 min.
País: Suiza
Director: Markus Imboden
Guión: Plinio Bachmann
Fotografía: Peter von Haller
Música: Benedikt Jeger
Intérpretes: Katja Riemann, Stefan Kurt, Maximilian Simonischek, Max Hubacher, Lisa Brand, Miriam Stein, Andreas Matti, Heidy Forster, Ursina Lardi
Sinopsis: Max es huérfano y desde el hogar donde se encuentra lo envían a la finca de los Bösiger. Sus padres sustitutos lo utilizan como mano de obra barata en la granja; mientras que Jakob, el hijo del matrimonio, no pierde cada oportunidad para humillarlo. Tocar el acordeón es la única cosa que es enteramente suya y su amistad con Berteli, a la que también han llevado a trabajar con los Bösiger, es lo único que preserva su voluntad de sobrevivir. Juntos sueñan huir del maltrato y trasladarse a Argentina: un mundo de fantasía, donde supuestamente todo está hecho de plata.

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The Foster Boy (Der Verdingbub, 2011), es una coproducción suizo-alemana dirigida por Markus Imboden. Cuenta la historia de Max, un joven huérfano que es enviado a una familia de acogida, donde es utilizado como mano de obra barata en la granja. Max hará amistad con Berteli, otra niña que es enviada a la misma familia. Juntos soñarán con huir del maltrato y trasladarse a Argentina, donde poder vivir libremente.


(El siguiente texto ha sido extraído de https://www.filmaffinity.com/es/user/rating/796763/213267.html)

Una película de 2011 que he podido ver en un cineclub y que no llegó a estrenarse en España, a pesar de que fue elegida para los Oscar…, y a pesar de su gran calidad. Sí fue estrenada en Argentina y por eso podemos verla subtitulada en castellano. Argentina es el “paraíso” donde huir para dos de los protagonistas del film y además, existe el nexo de unión de la afición al acordeón de Max, el huérfano.

Un guion muy bien estructurado y una dirección soberbia, incluyendo la de los actores, para contarnos una historia de hace nada, de finales de los años cincuenta del siglo XX: la red de orfanatos de Suiza fomenta la adopción. Un régimen duro y violento del que sale Max para ir a parar a una granja suiza. Los propietarios solo buscan en la adopción obtener obra de mano gratis, esclava. Los mecanismos de control del Estado, del municipio y de la Iglesia “brillan” por su complicidad con los abusadores.

Las condiciones de dureza de la explotación de la granja -mera supervivencia- ha embrutecido a la familia propietaria hasta extremos abyectos: un padre alcohólico y violento, una madre férrea y sin compasión y un hijo que imita los modelos que tiene en casa, pero en una versión empeorada.

Max, y la huérfana que llega después de él, intentan sobrevivir en medio de un trabajo extenuante y en medio de un maltrato permanente. El odio que se siente los miembros de la familia se proyecta en los adoptados-esclavos como seres inferiores sobre los que volcar su frustración y sus deseos más abyectos. La compasión, a pesar del ambiente de beatería luterana, es desconocida por la familia.

Solo el acordeón de Max, su deseo de ser músico y la ilusión de huir a Argentina son un punto de fuga en una realidad brutal, en la que como verdaderos sádicos algunos miembros del clan se deleitan en el dolor ajeno.

Todos estos elementos son tratados por Markus Imboden con un sentido del equilibrio ejemplar. No hay dramatismos innecesarios o sentimentalismos consoladores. Aunque la realidad es dura, la esperanza hay que intentar no perderla para no hundirse definitivamente.

Este sistema de adopción como forma de proporcionar manos de obra barata no fue abolido hasta los años sesenta: época que coincide con la emigración de muchos extranjeros –entre ellos españoles– que trabajaron en estas granjas suizas.

El final, también espléndido, nos habla del cumplimiento de las ilusiones y del recuerdo, con un Max maduro tocando el bandoneón sobre un escenario.

Una grata sorpresa que recomiendo ver.

Calificación: No estrenada en salas comerciales españolas.