Título en España:  El Polaquito
Título original: El Polaquito
Año: 2003
Duración: 88 min.
País: Argentina
Dirección: Juan Carlos Desanzo
Guión: Lito Espinosa, Juan Carlos Desanzo
Música: Martín Bianchedi
Fotografía: Carlos Torlaschi
Dirección de producción: Carlos Piwowarski
Dirección artística: Mariela Rípodas
Vestuario: Pheonía Veloz
Montaje: Sergio Zottola
Intérpretes: Abel Ayala, Marina Glezer, Fernando Roa, Roly Serrano, Laura Espínola, Lucas Lasarich, Fabián Arenillas, Claudio Torres, Susana Varela, Silvia Geijo, Fausto Collado, Eduardo Coacci, Osvaldo Sander, Claudia Noemí Oshiro
Sinopsis: Un chico de la calle, de 13 años de edad, se gana la vida cantando tangos en los trenes de la estación central de Buenos Aires. Imita a Polaco Goyeneche, el famoso cantante de tangos, por lo que la gente le conoce como “El Polaquito” (Abel Ayala). El Polaquito conoce a “Pelu” (Marina Glezer), una joven prostituta que también trabaja en la estación de Constitución, de la cual queda inmediatamente prendado y a la que intenta rescatar de la mafia que la explota. Este comportamiento de El Polaquito lo enfrenta con “Rengo” (Roly Serrano), líder de esta mafia que, en connivencia con la policía de la estación, comienza a hostigarlo tratando de quitarle esa idea de la cabeza e intentando interrumpir su relación con Pelu. Pese a ello, El Polaquito acomete una denodada lucha contra la mafia, sin medir riesgos ni consecuencias, procurando emprender, definitivamente, el camino de amor que ha trazado junto a Pelu.

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La película argentina El Polaquito, dirigida por Juan Carlos Desanzo y estrenada en 2003, nos cuenta la historia real de un chico de la calle que se gana la vida cantando tangos en los trenes de la estación central de Buenos Aires, imitando a Roberto “Polaco” Goyeneche. Polaquito se verá hostigado de manera frecuente por la policía por su idilio romántico con una joven prostituta explotada por una mafia local, además de perseguido por otros bandidos del lugar. La película nos mostrará de manera bastante cruda la faceta más sórdida de la condición humana.


(El siguiente texto ha sido extraído de https://vanavision.com/2004/10/2-el-polaquito-de-juan-carlos-desanzo/)

El desarrollo de un cine argentino de calidad en los últimos años, en parte debido a la profunda crisis económica y moral que ha sufrido y sigue sufriendo aquel país –que se compensa con una gran sensibilidad y originalidad creativas– y la indudable calidad artística y profesional de sus creadores, se manifiesta de nuevo en esta película que entronca con el cine social (a la altura de otras producciones como Mundo Grúa o El bonaerense, ambas de Pablo Trapero, La ciénaga, de Lucrecia Martel o Pizza, Birra, Fasso y Bolivia, de Adrián Caetano), que denuncia, sin convencionalismos ni adulteraciones, sino con imágenes cotidianas en toda su crudeza, la trágica situación en la que viven miles de niños en los suburbios de las grandes ciudades, víctimas de la pobreza, la delincuencia, la prostitución y la droga. Pues El Polaquito es mucho más que la historia de amor entre Abel, un chico de la calle que trata de ganar algo de dinero cantando entre los vagones Naranjo en flor, un tango clásico del famoso Polaco Goyeneche –por eso le llaman Polaquito–, y una joven prostituta llamada La Pelu, que también trabaja en la estación Constitución, la más importante de Argentina. El film es un retrato de un mundo –la explotación infantil– que coexiste, oculto pero emergente, junto a una actividad tan reconocible y normalizada como es el ir y venir de los usuarios que diariamente acuden a sus trabajos y a sus hogares en los trenes argentinos.

Lo más destacado de El Polaquito es la credibilidad que emana de sus personajes, lugares y situaciones. En efecto, la estética de la película ayuda a conmover al espectador. La utilización de cámaras ocultas y sin focos que iluminen artificialmente, los movimientos de la cámara al hombro que se limita a seguir a los personajes, un formato que imita la pobre imagen del vídeo doméstico (no digital), la grabación de sonido directo, el rodaje en escenarios naturales y la interpretación naturalista de unos actores no profesionales –a excepción de la destacable Marina Glezer, que obtuvo el Premio a la Mejor Actriz en el Festival de Montreal 2003, el resto de los protagonistas son auténticos chicos de la calle que incorporan en su actuación jerga, gestos y comportamientos propios de ese mundo– consiguen crear un efecto realista espeluznante cuyo resultado está muy cercano al género documental.

No obstante, la contundencia con que se muestra la marginalidad de unos personajes carentes de recursos, sin educación ni esperanza en el futuro, choca frontalmente con la visión tierna y conmovedora del amor de los dos protagonistas. Quizá la teoría del director sea que el individuo es bueno por naturaleza y que es la sociedad, con sus desigualdades e injusticias, la corrupta. Al margen de esta simplificación, El Polaquito muestra unos personajes bondadosos, que frente a los golpes de la vida adoptan una postura de completa sumisión, de renuncia a la violencia. No veo muy creíble el comportamiento de ambos en el contexto en que se mueven. Mi teoría es que la sociedad corrompida acaba pervirtiendo a los individuos. Eso sí, la inocencia termina cuando se alcanza el límite de la cordura y se produce el final trágico que nos recuerda que se trata de un hecho real, que recogieron diversos medios de comunicación argentinos.


Más información:
https://www.clarin.com/espectaculos/realidad-calle_0_ByPgRR1lRtg.html
http://www.pediatriabasadaenpruebas.com/2013/07/cine-y-pediatria-183-el-polaquito-un.html