Título en España: Ángeles sin paraíso
Título original: A Child is Waiting
Año: 1963
Duración: 102 min. B/N
País: Estados Unidos
Director: John Cassavetes
Guión: Abby Mann
Fotografía: Joseph LaShelle
Música: Ernest Gold
Diseño de producción: Rudolph Sternad
Decorados: Joseph Kish
Montaje: Gene Fowler Jr. y Robert C. Jones
Intérpretes: Burt Lancaster, Jusy Garland, Gena Rowlands, Steven Hill, Paul Stewart, Gloria McGehee, Lawrence Tierney, Bruce Ritchey, John Marley, Billy Mumy, John Walker, Elizabeth Wilson
Sinopsis: Jean Hansen es profesora de música en un colegio infantil para deficientes mentales. Allí conoce a Reuben, un niño con problemas al que sus padres no visitan desde hace años. Jean lo colmará de atenciones y mimos a pesar de que el director del centro considera que su actitud es contraproducente.

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La película plantea el tema de la discapacidad intelectual, tema de absoluta actualidad hoy día. En un colegio de educación especial Jean Hansen es profesora de música y allí conoce a Reuben, un niño con dificultades al que sus padres no visitan desde hace años. La profesora le proporcionará atención y lo colmará de mimos a pesar de que el director del centro considera que su actitud es contraproducente. El título original de la película, “Un niño espera”,  refleja muy bien su contenido.


(El siguiente texto ha sido extraído de https://neokunst.wordpress.com/2014/02/08/ciclo-john-cassavetes-angeles-sin-paraiso-a-child-is-waiting/)

Traducida al español como Ángeles sin Paraíso, A Child is Waiting es una de las películas que realizó John Cassavetes a inicio de los años sesenta, concretamente en el 1963. La película es sin duda la demostración de que el director norteamericano gozaba de una sensibilidad poco habitual entre sus compatriotas y compañeros de profesión y de que si había una figura renovadora en Estados Unidos comparable al movimiento que se estaba produciendo allende a los mares, especialmente en Francia con el movimiento de la Nouvelle Vague, era sin duda él. Sin embargo el rodaje de la película no fue el más benevolente y deseable de todos. El director de la película llegó a perder la confianza del guionista Abby Mann, del productor Stanley Kramer e incluso de las dos estrellas del reparto, Judy Garland y Burt Lancaster.

El argumento es sin duda peliagudo y comprometido. Con la colaboración de Abby Mann (aunque tuvieron alguna que otra discusión durante el rodaje), Cassavetes adapta una novela que nos lleva a los lugares más recónditos de la mente humana, como es el tema de la deficiencia mental infantil. Lejos de la sensiblería melodramática con la que muchos hubieran afrontado el tema, Cassavetes lo hace con una gracia y sobre todo, una humanidad, muy poco corrientes en los años sesenta. Pocos directores más como él hubieran sido capaces de tocar una película con un tema tan espinoso y salirse airadamente de él (pese a que los problemas de rodaje que tuvo el director con sus dos estrellas, Judy Garland y Burt Lancaster). El propio Cassavetes es quien decidió que se contará con niños que realmente tenían problemas mentales, y para ello decidió colaborar con el hospital de Pomona. El propio director habló con los padres de los niños así como con ellos, para contar con el grupo para el rodaje. Cassavetes no escatima planos durante el propio film y algunos pueden incluso a decir que la galería de niños es el verdadero protagonista de la película, por delante incluso de las dos estrellas del reparto.

El problema principal es Stanley Kramer. El productor (y director de películas como el Juicio de Núremberg, Vencedores o vencidos, 1961) escogió a Cassavetes como el principal responsable de la película, pero no se contentó con un papel limitado de productor, sino que defendió sus propias aportaciones a la película. De hecho, llegó a manipular la cinta durante la postproducción y manipuló las ideas de Cassavetes en la película. Como consecuencia de esto, el director abandonaría durante largo tiempo el sistema de grandes estudios (la película está producida por la Warner Bros) para poder dirigir películas de menor presupuesto pero con una mayor libertad artística.

Además, la pelea entre Kramer y Cassavetes iba más allá de la estética. Cassavetes cuenta que la película debía tener como gran protagonista a los niños, y nunca adoptar un tono totalmente melodramático. Cuenta que fue Kramer quien introdujo algunos primeros planos que hacían que el film llegará por unos tonos sentimentales que no eran del agrado del director. Por otra parte las dos personalidades defendían ideas muy diferentes. Cassavetes defendía la completa intolerancia de la sociedad delante de los deficientes mentales, que en el mejor de los casos aparta la mirada con tal de no verlos. Cassavetes defiende muy bien sus ideas y pese a los desarreglos con Kramer podemos ver esta humanitaria visión en diversas secuencias.

Una de ellas es la comparación que hace la película entre la familia afroamericana y la familia del niño principal de la película. Mientras que la familia de Reuben goza de una posición socialmente elevada, la familia del niño afroamericano a penas puede subsistir. Y sin embargo, el trato que tienen ante sus respectivos hijos es totalmente diferente. Si la familia de Reuben da totalmente la espalda a su hijo, considerado como una mancha en su historial que hay que ocultar ante el resto de compañeros de su mismo estatus, en el caso del niño afroamericano ocurre totalmente lo contrario, y lo tratan con todo el amor posible. Sin duda toda una declaración de intenciones que Cassavetes realiza en un momento en que la comunidad negra tenía una gran carga de prejuicios cargando a sus espaldas.

La película utiliza narrativamente dos flashbacks. El primero de ellos nos enseña nada más empezar la película el abandonamiento de Reuben por parte de su familia, y por tanto es significativamente corto. Mientras que el segundo se encuentra a mitad de la película y tiene una duración más amplia. Este segundo flashback se centra en el nacimiento y desarrollo infantil de Reuben y el director se sirve de él para mostrarnos el ingrato trato que la familia tiene sobre su propio hijo.

Las interpretaciones principales de Garland y Lancaster resultan impresionantes. Lancaster interpreta concienzudamente el papel de responsable de la institución educativa, mientras que Garland encarna el papel de una pequeña maestra de música que acaba de unirse a la escuela. Ambos cumplen más que sobradamente con sus papeles.


Más información: http://cinodromo.blogspot.com.es/2014/03/angles-sin-paraiso-john-cassavetes.html